jueves, 25 de junio de 2009

María Zambrano


María Zambrano nacida en Vélez Málaga en 1904, se traslado con sus padres a los 9 años a Segovia, vivió en un ambiente intelectual. En 1921 inició la carrera de Filosofía en la Universidad Central de Madrid y los completó en 1927 asistiendo a las clases de Ortega y Gasset,

fue activista política en esta época y defensora de la Republica, durante su transcurso conoce a Luís Cernuda, Miguel Hernández y Camilo José Cela, con los que coincide en diversas iniciativas culturales y ya antes se la había relacionado con Federico García Lorca y Rosa Chacel.
al inicio de la guerra civil colabora en defensa de la República como Consejero de Propaganda y Consejero Nacional de la Infancia Evacuada. Y en el años 1939 se exilió, estuvo en diferentes lugares, París, La Habana, Méjico, donde trabajó como profesora de Filosofía en diferentes universidades .Es en 1953, cuando vuelve a Europa y se instala en Roma, donde vivirá hasta 1964, relacionándose con intelectuales italianos -como Elena Croce, Elemire Zoila y Victoria Guerrini- y españoles -como Rafael Alberti, Jorge Guillen, Ramón Gaya y Diego de Mesa. En 1981 le es concedido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, y en 1988 el Premio Cervantes. El 6 de febrero de 1991 fallece en Madrid, siendo enterrada en Vélez-Málaga, su pueblo natal.

CLAROS DEL BOSQUE


No me respondes, hermana. He venido ahora a buscarte. Ahora, no tardarás ya mucho en salir de aquí. Porque aquí no puedes quedarte. Esto no es tu casa, es sólo la tumba donde te han arropado viva. Y viva no puedes seguir aquí; vendrás ya libre, mírame, mírame, a esta vida en la que yo estoy. Y ahora sí, en una tierra nunca vista por nadie, fundaremos la ciudad de los hermanos, la ciudad nueva, donde no habrá ni hijos ni padres. Y los hermanos vendrán a reunirse con nosotros. Nos olvidaremos allí de esta tierra donde siempre hay alguien que manda desde antes, sin saber. Allí acabaremos de nacer, nos dejarán nacer del todo. Yo siempre supe de esa tierra. No la soñé, estuve en ella, moraba en ella contigo, cuando se creía ése que yo estaba pensando.
En ella no hay sacrificio, y el amor, hermano, no está cercado por la muerte.
Allí el amor no hay que hacerlo, porque se vive en él. No hay más que amor.
Nadie nace allí, es verdad, como aquí de este modo. Allí van los ya nacidos, los salvados del nacimiento y de la muerte. Y ni siquiera hay un Sol; la claridad es perenne. Y las plantas están despiertas, no en su sueño como están aquí; se siente lo que sienten. Y uno piensa, sin darse cuenta, sin ir de una cosa a otra, de un pensamiento a otro. Todo pasa dentro de un corazón sin tinieblas. Hay claridad porque ninguna luz deslumbra ni acuchilla, como aquí, como ahí fuera.

Zambrano, M.: "Los hermanos" en La tumba de Antígona, Madrid,
Ed. Mondadori, 1989, pp 79-80


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