Hace unos cuantos milenios, Policleto escultor griego para más señas, ideó un canon de belleza que puso en práctica por primera vez en su escultura el Doríforo, y con este canon de siete cabezas nunca pudo imaginarse la que armo, los griegos pensaban que cuanto más bello era un cuerpo más se parecía a Dios. Más tarde los romanos cavilaron men sana in corpore sano y a lo largo de la historia del arte, del tiempo y de la vida, los cánones estéticos han variado diametralmente; sino véase Rubens y sus venus que hoy serían pasto de productos anticelulíticos. Inmersos en la era de acuario o en la era del plástico, nuestros referentes de hermosura tienen iconos como Pamela Sue Anderson o Vicky Beckham, venus recauchutadas, pretenden transformarnos a todas en clones exactos que en vez de pedir soma, pedimos silicona en un mundo feliz. Por supuesto cada quien es cada cual y muy dueña de hacer de su capa un sayo, y no tengo nada en contra de la cirugía reparadora ni los avances de la ciencia. Si...